Cada tanto,
domingo, 16 de diciembre de 2012
Il lungo addio
Cada tanto,
A propósito de espejismos
martes, 24 de abril de 2012
I believe en la intermitencia
Trabajar en un colectivo artístico no es tan diferente que tocar en una banda de rock.
(Yo tocaba el bajo, el instrumento-de-la-sombra por excelencia.)
En el fondo, todo – todo - tiene un parecido atroz.
Si me equivocaba de nota casi nadie se daba cuenta; a parte los que estaban ahí con los ojos clavados en las cuerdas, esperando que me tropezara en las teclas para reírse un rato (justamente); a parte cuando, obstinada, quería hacer un solo en slap y – siempre - al entusiasmo que lo precedía, seguía el pánico escénico, y de todas las notas que había meticulosamente hilado en la soledad caótica de mi cuarto adolescente, lo único que salía del ampli era un incomprensible sonido vomitivo. Un burp.
No pasaba siempre (me llamaban “l'incontentabile”), pero siempre pasaba que me sintiera así cuando dejaba el escenario y bajaba a la tierra.
Cómo cambia lo que haces cuando alguien te está mirando y lo sabes.
Empiezas a verte de afuera, y es ahí cuando pierdes el control.
Es cuestión de un instante
desenfoque
y todo se vuelve burp.
jueves, 19 de abril de 2012
Medellín
una circonferenza col suo centro ovunque
lunes, 30 de mayo de 2011
el Hombre Solo rumbo al Templo de la Cosa

Es que hubo un momento en que realmente amaba la vida en la metrópoli.
Esa sensación de soledad inmóvil que se llevaba de paseo entre árboles postizos y casas hechas pedazos, escombros y ruinas provisorios que las empresas devolvían en tiempo record bajo la forma de inmensos prefabricados aún más provisorios, que pronto se volvían otras ruinas y más escombros listos para ser nuevamente substituidos, y así ad infinitum, una vida entera trasladándose sin sonrisa desde la escalera móvil y el cemento alisado hasta los cubos blancos, templos de esa cosa que en tiempos remotos se había llamado “arte” y que ahora había vuelto a llamarse cosa solamente.
El Hombre Solo era una víctima de la cosidad y de más horrores que comparten ciertos prefijos y sufijos ( -tura, -ismo, etc.) además de algunos objetos dudosos y siniestros, como las escaleras móviles que bajan, imprescindibles hoy que el abandono del cuerpo a la gravedad nos horroriza, hoy que la cirugía estética y los cohetes tienen el mismo peso en la cosmopolítica.
Hoy que todo se ha vuelto metáfora.
Pensaba en todo esto, el Hombre Solo, y caminaba hacia el Templo de la Cosa maldiciendo la lluvia silenciosa y fina, la lluvia minimal que no moja ni hace ruido y por esto le resulta tan molesta. Porque no existe pero sí, porque es una ausencia rara, de esas breves faltas que ocupan un hueco de aire y dejan un vacío relativo, un espacio enigmático. (Ahora la lluvia también se llama cosa).
El Hombre Solo, como otros, como todos, terminará llamando cosa todas las cosas que puedan intentar llenar un potencial vacío creando una ausencia. El amor – también – pronto será la Cosa, mereciéndose la mayúscula por todos esos cosistas que se han cortado las venas en su nombre, en un pasado no muy lejano.
Llegado a este punto, el Hombre Solo piensa “mierda, estoy solo.” y baja la mirada – pero el desconcierto dura el tiempo de una sinapsis, dos neuronas chocan y el Hombre Solo vuelve a levantar su mentón orgulloso de ser solo. Se repite que es solo porque quiere, solo porque ha decidido serlo, y es la verdad (el Hombre Solo ha razonablemente perdido su capacidad de mentir a sí mismo), pero a veces – inexplicablemente - la soledad se convierte en una verdad lamentable. (Esto ocurre sobre todo con la lluvia.)
Por supuesto, piensa el Hombre Solo, también es verdad que se trata de una de esas decisiones que se autogeneran con enigmática cooperación entre sí mismos y ciertos eventos externos - cada vez más caóticos –, algo como un tumor o una mudanza al País Extranjero después de haber recibido una beca o una propuesta de trabajo irrenunciable, cosas así, uno no lo piensa mucho, se sube al avión con una maleta cuatro-estaciones y la abandona en algún rincón del nuevo apartamento anónimo esperando la decisión siguiente o, si prefieren, la próxima oportunidad cancerígena.
Y por todas estas razones el Hombre Solo entra en el Templo de la Cosa: necesita un estímulo audiovisual en un lugar aséptico. Se sienta en un incómodo banco de plástico blanco y clava la mirada en la pantalla. Ahí está un paisaje inmóvil, verde, muchos árboles y un lago, pura amenidad de montaña donde el único ruido es el de algunos pájaros invisibles y el único detalle devastador es esa lluvia perpetua de meteoritos lentos, que precipitan como la nieve pero en llamas, y no caen en ningún lado. Por eso lo hacen en silencio. Qué harán los pájaros? (Et voilà, ya se convirtieron en cosas.)
El Hombre Solo se queda inmóvil por unos segundos o unas horas, quién sabe medir el tiempo en el Templo de la Cosa, y durante ese tiempo vive ahí adentro, se ha mudado en la pantalla gigante llevándose todas sus versiones de sí mismo y todos sus vacíos sin horror (todavía.)
Cuando se levanta le duele el culo, claramente.
Vuelve a caminar por ese laberinto blanco sin prestar mucha atención, porque es un laberinto fácil, y tal vez la salida se encuentre girando siempre a la izquierda... pero justo ahí se topa con la Cosa.
Evidentemente, debe haber confundido las direcciones porque se ha vuelto a perder, como era predecible, en una línea recta.
lunes, 16 de mayo de 2011
Inmunes al mundo
caminando, recogían caracoles luminosos
(cada paso más
las observaba, elaborando una amarga consideración
domingo, 8 de mayo de 2011
cuarto sin ventana
jueves, 14 de abril de 2011
la insurrección de lo real
viernes, 18 de marzo de 2011
Simultáneamente (tal vez.)
y dudarás de ti, de ti en el espacio, de ti en el tiempo, de la existencia de un tiempo y un espacio, de un tu, de un yo, de otros. En ese instante llegará un físico, se sentará a tu lado. Pedirá un whiskey y te soltará que la simultaneidad no existe – eso mismo dice, la simultaneidad no existe, y tu que creías que –
te lo demostrará curvando los ejes cartesianos con un lápiz clavado en la servilleta, deformando aquel tiempo y aquel espacio en que dejaste de confiar a la altura del tercer vaso, entonces terminarás el último de un trago
empezarás a caminar hacia casa con al menos una explicación
y una servilleta en el bolsillo
y como para contradecir toda tu noche y volver a dudar
simultáneamente,
empezará a nevar.
lunes, 14 de marzo de 2011
anyone real?
puertas que dan a nada y nadie cruza. Paz
Un día se dio cuenta de que, al margen de su huida hacia los bordes de la hoja, todas sus palabras terminaban siendo Hélène. Levantó la mirada y se hizo claro que en realidad todo le era Hélène y, en el fondo, todos le eran Hélène. Una jaula, peor, dos jaulas, peor aún, las puertas abiertas de dos jaulas una enfrente a otra, y los pájaros mirándose sin saber qué carajo hacer, quién les dará de comer si se separan. Pero los pájaros, en su conciencia leve, saben que aquello que los terminará empujando hacia delante será precisamente su renuncia a avanzar.
(En un papelito abandonado al lado de la cama encuentra la frase “Alguien en mí está esperando que vuelvas.” Hace un avioncito, lo tira y se va a la playa a despejar pues será una l a r g a y lamentable espera. Hace días que llueve non stop y el agua lo agarra a latigazos sentado en un montecito de arena postiza, mojada, pensando. Cada tanto abre una página disfrazada de espejo y reconoce algo que creía suyo solamente pero que también resulta ser de otro, y este otro incluso se ha tomado el trabajo de darle un nombre. Instantáneamente entiende el papelito: él no escribe, son las palabras que lo descubren. Mar, playa, arena (postiza). Piensa en el hoy como si fuera el mañana de ayer y así descongela el tiempo, lo dilata. Ensaya pensamientos. Ensaya dolores voluntarios. Pero está demasiado lejos de todo en ese silencio insoportable y al cabo de un rato se aburre - además deja de llover y amanece - se va. Justo mientras se aleja, el mar empieza a devolverle sus pájaros en pedazos. Podría verlos, podría llorar. Podría pudrirse en el poder, pero ya está demasiado lejos para ver. Vuelve a casa, vuelve a Helène, vuelve.)
que cuando volvió a abrazarla su cuerpo estaba frío.
miércoles, 9 de marzo de 2011
el herror III
La palabra fundamental era el “pero”, pero él no entendió nada y pidió que se le explicara, but jamás se explicaría una metáfora. Entonces se dio cuenta de que la realidad había anticipado cada posible efecto de la frase, porque como fue nombrada, toda esa música se extinguió en el silencio.
el herror II
e nessuno ama e nessuno ama e nessuno odia abbastanza. Massimo Volume
En una época pasada hubiera podido romper todos los parabrisas de todos los autos aparcados en todas las calles que atravesaba en su camino hacia casa. Pero cierra la puerta y le falta rabia, porque sabe (y acepta) que de ahora en más solo sería repetición o sombra de lo que ha sido (lo más absurdo es que lo acepta). ¿Es esta resignación lo que llaman madurez? Vaya cambio. Extraña la perdida de control y los deseos que carbonizan, ni le importa amar u odiar sino hacerlo rabiosamente, perdiéndose, aceptando las delicadas formas del caos y la violencia, alejando el vacío sideral que se amplia un poco más cada vez que una nueva puerta se cierra a sus espaldas.
tropezando en tus pasos me caí fuera del mundo
effects remain incalculable."
Otolith Group
I
y siempre había mucho viento.
De nada sirvió que me advirtieran de sus efectos,
yo seguía caminando.
II
Un recuerdo inventado desciende como en paracaídas, temblando, a la velocidad de la nieve. Fascinado con su horror y muy molesto por su propia maravilla, decide no tocar el suelo.
III
Siempre irá buscando lo que le falta en quien lo tiene en exceso. Pero esa mañana se detiene a mirarla, seguro que muy pronto serían enemigos. En silencio se despide y va a sentarse a la salida del mundo, solo, esperando. Enciende un cigarrillo y sale el sol, sonríe aliviado.
Aún no sabe que debería echarse a correr.
el herror
Hoy hay alguien llorando en el subte, escribiendo. Lo miro. Pienso que nuestras poesías favoritas deben haber nacido en momentos como este, buscando palabras exactas entre flores y basura. Y cada tanto habrá que obligarse a estar muy triste para escribir dos líneas decentes. El tipo sigue mirando sus páginas, llenándolas de tinta. No sabe que odia mucha de esas frases antes de apoyar el lápiz en la hoja, antes de volver a leerlas y tacharlas.
martes, 8 de marzo de 2011
1000 hijos imaginarios (pero despiadados)
en la mitad de la película.
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.”
Un día quiso hacerle un regalo. Abortó todas sus noches para darle mil hijos imaginarios, mil personajes de historias inacabadas pero muy exigentes, para que lo persiguieran en el sueño y en la vigilia, pidiéndole que los terminara o los asesinara.
A él nunca le habían gustado los regalos, y este, en especial, fue el que menos apreció.
“¿qué haré ahora? ¿habrá que darles un nombre?” pero no, nombrar es comprometedor y aparte luego habría que recordarlos y esto requería un esfuerzo. Ellos ocupaban mucho espacio. Le harían perder mucho tiempo. Entonces se acercó a esos cuerpos livianos armado de un martillo y un aire de maldad, pero nadie le tomaría en serio con esas alas postizas y esa peluca. Se movía sin autocontrol y con torpeza, pensaba lentamente y hablaba de amor y de muerte y tejía la más pura forma de silencio así, atando palabras enemigas bajo el mismo verbo, y ellas se anulaban a lo largo de la frase antes de llegar al mismo punto.
Hubo muchos golpes, ni un solo ruido
“Aquí falta el aire” - pensó.
(En ese instante empezó a llover.)
Ellos lo miraron con un aire incierto y una ceja levantada, eran mil y eran demasiado imaginarios para no hacer daños muy tangibles. Lo observaron sin entender su razón, ¿crear para destruir? Qué absurdo.
Quieren ser despiadados, pero son muy leves. Pero quieren ser despiadados.
Se acercan uniformes, el ejército y la lluvia, precipitan. Tienen una flor en la mano y cada gota produce un sonido que es un llanto de cables y engranajes moviendo el vacío, juntando palabras rivales para que bailen un mismo silencio, un mismo ritmo, al mismo tiempo. Caminan hacia él como un horrendo mar de miradas que son flores que son armas, muy iluminados o simplemente perversos como el tipo que pasea por el borde mirando abajo, se ríen. Se ríen porque saben que la gravedad no existe
y no tienen esperanza, tienen fe.
Tal vez el martillo los aplaste al suelo como mil manchas naranjas pero no es esto que les preocupa ahora, ahora que nada les preocupa,
ahora que caminan y sonríen cruelísimos, como quien se aleja de un cuerpo sacando el cuchillo de una honda
honda
herida
y mientras la sangre les salpica el cuello se marchan
para el otro lado, huérfanos
y aliviados
domingo, 27 de febrero de 2011
magnificent desolation (de grande quiero ser astronauta)
puede que el esfuerzo físico ayude a superar exámenes, que la educación académica sea el gran problema del sistema, pero antes de tirar bombas sobre las universidades cerraremos los libros y nos iremos a recoger tomates con cuarenta grados a la sombra, nos iremos a trabajar con los obreros del otro lado del mundo sin nunca haber entrado a una fábrica de nuestro hemisfério (para qué), será como pagar el ticket para subir al machu picchu abriéndose camino a codazos entre turistas rabiosos, qué-experiencia-más-exótica, ida con garantía de vuelta, viaje con cinturón abrochado, vuelta con conciencia leve
para empezar de cero haciendo la revolución desde nuestra cama, como decía esa vieja canción, pero hasta marx vivió mantenido por las plusvalías de engels, y lo ilógico no es esto, lo ilógico es que no podría haber sido diferente. para pensar se necesita tiempo, e inventar una revolución no es poca cosa. sobre todo cuando la única característica cierta de la época de tinieblas que vives es la imposibilidad de una invención autentica, sobre esto se han puesto todos de acuerdo, y no es que te importe mucho, tu nunca has creído en la “originalidad” ni en la “pureza” (así, encomilladas) ni en el aura que rodea palabras como arte artista poeta literatura vocación, y sin embargo en tu dna se ha instalado el no future y, si de verdad no lo hay, para qué mejorar el ahora, mejor vivir chupando lo que puedas como puedas más que puedas y quedarte esperando el fin del eterno presente o sacar el enchufe cuando lo creas más justo y razonable. los wu ming decían que no hay futuro porque de nuestro presente no quedará pasado ninguno.
todo esto lo digo con conciencia de que, mientras te estoy indicando algo, te estoy obligando a ver eso solamente, te estoy escondiendo todo el resto. pero ¿qué hay más allá de lo que nos indican? ¿valdrá la pena investigarlo? y las imágenes muestran lo que muestran, pero ¿qué es lo que esconden? hay que apresurarse a elegir las imágenes que miraremos, las que guardaremos, porque aunque haya tiempo, siempre hay más imágenes que tiempo.
el video muestra un marcador apoyado en una hoja de papel. en la imagen se crea una mancha oscura que se agranda cada vez más, lentamente, deformando los bordes del circulo inicial y creando matices, zonas de intensidad, oscuridades, silencios y antes que la tinta alcance el borde de la hoja ya sabes como terminará todo, incluso te preguntas si vale la pena quedarse esperando que la hoja se llene o si podés ahorrarte esa continuación y dedicarte a otra cosa, pintarte las uñas, ojear el diario. pero el punto no es la trama, la historia, eso es sencillo. el punto es lo que podés imaginar si vivís todo el l e n t o proceso hasta su fin, observándolo sin pedirle que sea más de lo que es, dejando de entender – no hay nada que entender
o sí, pero antes solamente,
antes hay que entender que hay tiempo, luego dejarás de entender y empezarás a (pre)sentir que en la literalidad del marcador está su grandeza.
(más ahora que estamos anestesiados por las metáforas.)
¿qué es lo que esconde la imagen? todo lo que es ausente en ella, una vez que puedas imaginarlo, se hace presente. la ausencia es presencia de una ausencia. no hay ausencia tout court, ausencia sin presencia previa. y además hay tan pocas palabras para hablar de los matices que a veces es más eficaz callarse, what we cannot speak about we must pass over in silence dice la septima sinfonía de wittgenstein, pero como nunca fui muy fan de su música, prefiero quedarme con la réplica (involuntaria) de simone “mais alors on n’ouvrirait jamais la bouche!”
algo habrá que decir. habría que inventar otras palabras, pero luego habrá que ponerse de acuerdo y a veces es inútil que yo te hable como haría con otros seres, una palabra después de la otra, un paso después del otro, porque si hiciera eso terminaría como porthos, una bomba estallando atrás mío y yo corriendocorriendocorriendo hasta detenerme un momento a pensar en lo absurdo que es poner un pie adelante de otro para trasladarse en el espacio, luego el instante se dilata y bum como siempre lo habré perdido todo por mucho, mental, onanismo.
todo, siempre, nunca, nada, nadie, todos. palabras de plomo. con ellas nos ataremos al suelo para que la levedad no nos lleve hasta los bordes de la ionosfera con tanto fight-against-gravity de los últimos días.
forse il panico ora ha un senso.
ahora que estamos ansiosos para liberar los mismos errores.
después es inevitable salir a fumar y pensar en todas las galaxias que están estallando alrededor de nosotros...
antes de una solemne encogida de hombros aplastando los cigarrillos con nuestros zapatos de goma y volviendo a entrar. BOOM.
“I want more life, father” y el father dice
“you don’t even exist”
un día me preguntaste por qué la tristeza. esta puede ser la respuesta. ciertas cosas se descubren o recuerdan cuando el polvo baja al suelo. mientras tanto, dust in the air suspended marks the place where a story ended, según el siempreoptimista eliot. la infinite sadness no será más que el producto de las expectativas desatendidas. esto explicaría por qué a menudo nos dan tantas ganas de dejar de mirar y darnos vuelta y gritar. además, que tú estés arriba y yo abajo no significa nada en un espacio sin gravedad. y la gravedad es la única referencia estable que nos queda en esta absoluta falta de absolutos. buzz aldrin, poniendo sus piecitos en la luna dijo que veía una “magnificent desolation” y (superada la emoción inicial) ahora estoy convencida de que el viejo buzz se preparó ese comentario mucho antes, lo escribió en un papelito y lo guardó en su bolsillo durante años, desde antes de alunar, desde antes de ser parte del apolo 11, desde cuando le decía a sus padres que de grande iba a ser un astronauta.
y esto no es nada leve.
entonces ya no importa la dirección, el norte, el sur, el vertical, lo horizontal. lo que importa es cuando, a pesar de tu training para lograr el olimpo del desapego, algo, inexplicablemente, se vuelve insustituible.
(inspirado en la muestra de otolith group, macba, 2011, aunque poco tenga que ver con eso)
anestesiada por las metáforas II
si siempre fue claro que un solo parpadeo nos acabaría destruyendo
que haya enfermedad por los dos extremos suena demasiado lógico, por eso se nos hace cada vez más penoso reconocer un equilibrio cualquiera en esta infinita esfera sin centros sin bordes o con sus centros sus bordes en todas partes
y sos tan distraído que me terminarás curando de verdad
antes que el siguiente parpadeo nos recomponga
y será solo provisionalmente
por ahí una frase de delillo:
love it and
trust it and
leave, lo cual es cierto, everybody leaves
pero ¿quién se irá primero?
Cada vez que nos sentemos esperando habrá un lugar vacío al lado y cuando uno llegue, el otro estará yéndose
en esta danza de relojes rotos y pajaros que el mar nos devuelve en pedazos
pero antes de irnos nos habremos distraido un instante y sin darnos cuenta
en ese instante
habremos estado ahí para siempre
miércoles, 23 de febrero de 2011
anestesiada por las metáforas
con mi autismo y estrabismo y más derivas que se unen, se acompañan, se sostienen
con simbiosis a
destiempo y
ese atrito
que solo por pereza volveré a llamar inercia
y como todo dura siempre un poco más de lo que debería
seguiré confiando en tu capacidad de detenerte
o en estos desajustes minimales que se suman hasta lograr un ritmo definido, para que bailemos sobre su música
y que nos deshaga
que nos agote el movimiento
entonces te invitaré a dormir en una cama deshecha
nos terminaremos revolviendo en las sábanas sucias que iremos arrastrando con el gesto del asco como una terapia de dioses caídos
y antes será todo tan fácil tan
virtuoso tan
desapegado tan bello que después no nos quedará más que un cuadrilátero de palabras quebradas y largos silencios incoloros entre hipos y sobresaltos
un desorientado madrugar en silencio y el caos o
el error o
la maravilla o
el desconcierto clavándose en nuestra primera mirada
para caer como llovizna fina sobre nuestras largas sombras
en la muy perversa luz del día
(y nunca
nunca terminaré mi taza de café.)