Hay que reinstalarse en el presente.
Un poco como el silencio de toda la música, y la verdad que te habla al oído cuando no intentás buscar el orden, el desorden, cuando vivís sin intentar explicarlo todo, todo el tiempo, y andas por la calle mirando para arriba y sintiéndote más liviano cuando una hoja de otoño cae volando en círculos y se te pega a la cara.
Con un reloj atado a la muñeca, todo puede ser increíblemente siniestro.
Me contás la historia de tu vida y no le veo nada tuyo ahí, nada exclusivo, hay como una liviana universalidad en tu mundo que es todos los mundos, en tu presente que es todos los presentes.
L'assenza. Lavorare intorno all'assenza. Costruire intorno all'assenza. L'assenza come centro e motore, la ausencia en todas sus formas, en todos sus perfiles, en todas esas caras que pasan a los lados de tu cabeza y desvanecen, cerca y lejos al mismo tiempo.
La cagada es que no nay nada más mentiroso que la sinceridad, sometimes.
Y esta necesidad de escaparse de los racionalismos, de los reduccionismos, de los ismos, la tentativa de devolver al mundo su complejidad ¿No será en sí una admisión de debilidad? ¿La declaración de una carencia? ¿Un manifiesto de la ausencia?
Por supuesto, si no te sacás la hoja de los ojos te vas a tropezar con algo en cualquier momento. Y sin embargo, el mundo que se abre con la ceguera es otra mirada, otra historia. Vos mismo, sos otra persona. No sé si llamarla "identidad", hoy me gustan las cosas light y la identidad me espanta, me acuerda de DNI y pasaportes y denuncias de robo y colas infinitas en las oficinas públicas. Es peso, gravedad. Pero hay algo ahí. Una de esas cosas que las palabras pulverizan si intentan definirlo, algo que solo nos permite acceder tangencialmente, livianamente.